Ser o no ser, el dilema del autosabotaje

Aunque estoy consiguiendo mejoras significativas respecto al hábito de dejar cosas por terminar, actualmente tengo varios libros abiertos, pendientes de ser leídos por completo. Uno de ellos es El viaje al poder de la mente, de Eduard Punset. Me está encantantando, al igual que otros que he leído como Cara a cara con la vida, la mente y el universo o El alma está en el cerebro. Personalmente los recomiendo todos.

NeuronasAl respecto de este libro, quería traer una cuestión de la que trata, la disonancia cognitiva, para relacionarla con uno de los conceptos que más se trabajan en coaching, el autosabotaje.

El autosabotaje consiste, básicamente, en aquellas acciones que realizamos, en la mayoría de las ocasiones de forma no consciente, que impiden o retrasan la consecución de nuestros objetivos. Ejemplos típicos de autosabotaje son apuntarse al gimnasio y no ir, romper el régimen cuando se quiere adelgazar, hacer cosas como ordenar o limpiar cuando se tiene un trabajo importante que empezar, mantener actitudes perjudiciales en relaciones de pareja, no tomar la medicina que te cura, postergar decisiones aun sabiendo que se pierden tiempo y oportunidades, etc.

En coaching trabajamos con la figura del autosaboteador, que consistiría en una especie de Mr. Hyde que se afana en arruinar todo aquello en lo que estamos intentando cambiar para crecer y mejorar personalmente. Al tratarlo como una persona distinta de nosotros lo disociamos para poder relacionarnos con él cara a cara. Pero en el fondo, el saboteador no deja de ser uno mismo, y la clave está en que consigamos aprender aquello de positivo que tiene que aportarnos, y que da sentido a las acciones que realiza.

Durante la lectura, descubrí un pasaje que me hizo pensar en que el origen del saboteador puede estar en la propia configuración neurológica de nuestro cerebro:

…hay zonas activas de la neocorteza cerebral que, literalmente, se bloquean cuando a los participantes en el experimento se les da información disonante, es decir, información que atenta contra sus convicciones, tanto sobre asuntos importantes como secundarios. La disonancia cognitiva es un conflicto entre dos ideas simultáneas y contradictorias que crea desasosiego y estrés en las personas. No se trata únicamente de que el cerebro sea particularmente celoso o puntilloso a la hora de tamizar y filtrar opiniones discordantes. Sencillamente, se inhiben los circuitos cerebrales implicados para que la disonancia no pueda siquiera ponderarse.

FrustraciónEsto me hizo pensar que uno de los principales frenos para poder acabar con nuestro autosabotaje puede ser la sensación de dejar de ser nosotros mismos. Aunque los cambios que deseamos hacer en nuestra vida tengan un sentido positivo y coherente con nuestros valores y aspiraciones, los surcos que han ido dejando los pensamientos recurrentes, los hábitos y los vicios a lo largo de nuestra vida, harán que nuestras acciones tiendan a recorrer los mismos caminos que en el pasado.

Incluso nuestro cerebro se puede rebelar contra nosotros, gritándonos que nosotros no somos así, que esa persona en la que queremos convertirnos no somos nosotros. Y esto puede derivar en frustración e insatisfacción. Lo cual puede ser difícil de asumir precisamente cuando se están alcanzando los primeros resultados en aquello que queremos conseguir.

El cerebro detesta, sencillamente, alterar sus costumbres porque en ello se juega la supervivencia.

O como decía Richard Dawkins, también citado en el libro:

Pautas de conducta excelentes hace miles de años, que han dejado de ser útiles y que, no obstante, siguen vigentes.

Sin embargo, el mundo en el que vivimos, sobre todo la superficie artificial de cultura y tecnología que hemos creado nosotros mismos, cambia a una velocidad aún mayor de la que lo hace nuestra propia naturaleza. De ahí la importancia de cambiar o, de como precisaba ayer Pedro Marcos, reinventarse.