Hoy escribo para presentar y responder a la vez. Para presentar un blog muy personal, de una amiga que está en China desde hace varios años, aprendiendo chino a la vez que, como cada uno de nosotros, aprende a vivir y a conocerse mejor. Pero también aprovecho para responder, me traigo aquí un comentario que estaba escribiendo en su blog que estaba quedando «demasiado largo» para ser un comentario.

Su blog, Cartas desde China, está lleno de anécdotas, cultura y curiosidades de un país que es un mundo en sí mismo. Pero sobre todo está lleno de viajes, viajes que de la mano de su pluma y sus fotografías nos conducen a la China más ancestral, de la que aún sobreviven rasgos y costumbres descubiertos en las aldeas rurales que viajan a la deriba en los océanos de tierra que separan a ciudades de proporciones colosales.

Ayer mismo, volvió a compartir sus pensamientos con todos los amigos que la seguimos en la distancia. Viajar era la palabra titulaba el post, y en él profundizaba en raíces antropológicas para proponernos su punto de vista sobre la naturaleza humana. Recomiendo su lectura completa, enlazo aquí, pero traigo un fragmento para anclar el comentario que quería hacerle.

«La gente sigue echando raíces como los árboles, limitando su campo de visión a lo que pasa alrededor de sus raíces, y su campo de vida a una rutina idéntica diaria, en la que el único verde es el de las hojas que alcanza a ver, y el único azul es el del trozo de cielo que le tocó encima. Beber, comer y dormir son ya sólo un reflejo casi automático, y el valor de las cosas importantes se ahoga en un mar de obligaciones autoimpuestas, a veces inconscientemente, casi siempre innecesarias, y a la vez consideradas de obligado cumplimiento.»

Viajar no es acto exclusivo de nuestra especie, la migración es una naturaleza compartida con muchos animales. Pero se puede decir que está en nuestra naturaleza. Sin embargo, el ser humano «abandonó el paraíso» hace mucho. Nuestra naturaleza ya sólo es un reflejo de los animales que fuimos y la cultura (en su sentido más antropológico y holístico) lo define todo: nutrición, hábitat, relaciones y el propio acto de viajar.

Pero, por más que nos hayamos esforzado en aparentar lo contrario, seguimos formando parte de la naturaleza, y ella de nosotros. Uno de los conceptos taoístas de mayor relevancia es el de retorno. Cada día en sí mismo es un viaje hacia fuera de nosotros mismos. Y cada día sería bueno (yo aún tengo mucho que mejorar en esto) realizar la práctica espiritual de retornar al interior de nosotros mismos y conectar con nuestra más profunda naturaleza.

Sin embargo, creo que cada persona puede tener su propia «naturaleza». Podemos encontrarnos personas-árbol, con profundas raíces, sólidas y robustas, generosas en la sombra y dispuestas a entregar su propia leña par darnos calor; personas-pájaro, migrantes despegadas de la tierra, formando bandadas para hacer resistencia al viento y buscando humedales para descansar brevemente antes de reemprender el vuelo; personas-río, frescas y renovadas continuamente, abiertas como los valles que forman, que generan vida a su alrededor. Posiblemente, cada persona tenga su propia naturaleza y sea diferente la forma de retornar a la misma y de descubrir el sentido de su vida en ellas.

La mayor aspiración de vida en sociedad sería darnos los espacios y oportunidades para desarrollar cada uno nuestra naturaleza personal en respeto ecológico con las naturalezas de los demás.

Me alegra que mi amiga pueda estar descubriendo su propia vida en sus viajes. Y estoy seguro de que muchos se reconocerán en sus palabras. Desde aquí, mis ánimos a que siga compartiendo con nosotros sus experiencias y pensamientos.

Tus amigos, respetando tu naturaleza, seguiremos esperando tu retorno.