Las espinelas fueron un descubrimiento afortunado. Enredado entre los heptasílabos y endecasílabos de las liras y sonetos, a veces me faltaba una sílaba más para poder expresar alguna idea que no cabía en esas formas.

Queriendo seguir con el principio de ceñirme a composiciones estróficas para evitar que la poesía se me desborde y me inunde otros ámbitos de mi vida, encontré en la espinela el octosílabo que necesitaba, en diez versos que se acompañan unos a otros de una manera que funciona muy bien.

Aun he explorado poco esta composición y la reservo para aquellos momentos en que una lira pide algo más y una idea se viste de redondilla antes de que me haya dado cuenta.