Cinco cosas que hemos aprendido en 2012 sobre cómo funciona el cerebro

coaching sevillaRecién terminado 2012, podemos revisar un puñado de descubrimientos científicos que han marcado el avance en los conocimientos sobre nuestro misterioso órgano pensante. Para los más investigadores, en Psycology Today podéis encontrar los enlaces a todos los estudios científicos en los que se basan las conclusiones sobre cómo funciona el cerebro que resumo a continuación.

1. No te conoces tan bien como te crees

Aparentemente, nadie se conoce mejor que uno mismo. Sin embargo, son tantas las acciones, emociones e incluso pensamientos que realizamos de forma inconsciente, que muchas facetas de nuestra personalidad son mejor observadas por las personas que nos rodean que por nosotros mismos.

Cuando se realiza un trabajo de autoconocimiento, como el que se da en un proceso de coaching, se toma consciencia de muchas de estas cosas que pasaban desapercibidas. Y entonces se pueden comprender las cuasas de muchas reacciones de nuestro entorno de las que no nos sentíamos responsables.

En definitiva, no se puede llegar a un autoconomiento completo desde uno mismo, sino que se necesita el reflejo que pueden ofrecernos las personas que nos rodean.

2. ¿Tienes un problema? ¡Distráete de él!

Ya se sabe que para conseguir ideas es mejor que el cerebro esté en calma. Sin embargo, se ha descubierto que distraerse brevemente de un problema justo después de pensar en él ayuda a encontrar mejores soluciones. Esto sucede con aquellos problemas que son bien grandes y requieren un enorme esfuerzo mental para tener en cuenta todos los factores que intervienen en él. Si después de pensar en el problema, pensamos en alguna otra cosa (no se trata de descansar, sino de cambiar el foco de atención) los mismos circuitos neuronales que trabajaban con el problema pasan a funcionar en modo inconsciente. Y desde ese nivel, se consigue establecer muchas más conexiones y asociaciones mentales que, cuando retomamos el problema, nos permiten encontrar soluciones sorprendentes que antes parecían impensables.

3. Somos más creativos cuando pensamos sobre otros

Siempre ha parecido ser más fácil dar consejos a los demás que a uno mismo, ahora se ha descubierto porqué es así. Cuando se trata de encontrar soluciones creativas a un problema, se consigue más si se piensa que el problema le está sucediendo a otra persona que si pensamos que somos nosotros los que lo tenemos. Esto fundamenta una de las técnicas más habituales en coaching, que es salir de nosotros mismos o de la propia situación problemática para observarnos desde fuera.

4. No es una siesta, es una mejora de la productivdad

No es nada nuevo hablar sobre las bondades de la siesta, pero se han hecho descubrimientos que aportan nuevas perspectivas sobre la mejora general de la productividad que ofrece la realización de descansos efectivos después de un esfuerzo mental intenso y prolongado. Sin embargo, no se trata de normalizarla. Una pequeña siesta es efectiva después un tiempo de trabajo mental intenso independientemente de la hora del día. Pero si nuestro esfuerzo mental se mantiene estable durante largo tiempo en lo que se suele llamar “la zona”, es mejor mantenerse activo que forzar un descanso que puede ser contraproducente.

Lo más interesante es que se ha demostrado que dormir después de aprender algo mejora la capacidad de recordarlo.

5. Optimiza tus ritmos

Hace tiempo que se sabe que conviene adaptarse a los propios ciclos circadianos. Lo que se ha descubierto es que existen momentos concretos del día para determinadas tareas. Por ejemplo, la mayoría de las personas sacan más provecho de operaciones que implican un pensamiento crítico a las últimas horas de la mañana. Y las primeras horas de la tarde, en que el cuerpo entra en un ligero estado de somnolencia, son perfectas para el pensamiento creativo.

En conclusión, se refuerzan los fundamentos científicos que destacan el importante papel del inconsciente en nuestros procesos mentales más ligados con la productividad y la eficacia. En lo que se refiere al coaching, es un refuerzo de los principios sobre los que trabajamos, puesto que una de nuestras principales funciones es ayudar a las personas a hacerse conscientes y responsables de sus propios procesos de pensamiento y aprendizaje, liderando la mente hacia objetivos basados en sus valores.

Ser o no ser, el dilema del autosabotaje

Aunque estoy consiguiendo mejoras significativas respecto al hábito de dejar cosas por terminar, actualmente tengo varios libros abiertos, pendientes de ser leídos por completo. Uno de ellos es El viaje al poder de la mente, de Eduard Punset. Me está encantantando, al igual que otros que he leído como Cara a cara con la vida, la mente y el universo o El alma está en el cerebro. Personalmente los recomiendo todos.

NeuronasAl respecto de este libro, quería traer una cuestión de la que trata, la disonancia cognitiva, para relacionarla con uno de los conceptos que más se trabajan en coaching, el autosabotaje.

El autosabotaje consiste, básicamente, en aquellas acciones que realizamos, en la mayoría de las ocasiones de forma no consciente, que impiden o retrasan la consecución de nuestros objetivos. Ejemplos típicos de autosabotaje son apuntarse al gimnasio y no ir, romper el régimen cuando se quiere adelgazar, hacer cosas como ordenar o limpiar cuando se tiene un trabajo importante que empezar, mantener actitudes perjudiciales en relaciones de pareja, no tomar la medicina que te cura, postergar decisiones aun sabiendo que se pierden tiempo y oportunidades, etc.

En coaching trabajamos con la figura del autosaboteador, que consistiría en una especie de Mr. Hyde que se afana en arruinar todo aquello en lo que estamos intentando cambiar para crecer y mejorar personalmente. Al tratarlo como una persona distinta de nosotros lo disociamos para poder relacionarnos con él cara a cara. Pero en el fondo, el saboteador no deja de ser uno mismo, y la clave está en que consigamos aprender aquello de positivo que tiene que aportarnos, y que da sentido a las acciones que realiza.

Durante la lectura, descubrí un pasaje que me hizo pensar en que el origen del saboteador puede estar en la propia configuración neurológica de nuestro cerebro:

…hay zonas activas de la neocorteza cerebral que, literalmente, se bloquean cuando a los participantes en el experimento se les da información disonante, es decir, información que atenta contra sus convicciones, tanto sobre asuntos importantes como secundarios. La disonancia cognitiva es un conflicto entre dos ideas simultáneas y contradictorias que crea desasosiego y estrés en las personas. No se trata únicamente de que el cerebro sea particularmente celoso o puntilloso a la hora de tamizar y filtrar opiniones discordantes. Sencillamente, se inhiben los circuitos cerebrales implicados para que la disonancia no pueda siquiera ponderarse.

FrustraciónEsto me hizo pensar que uno de los principales frenos para poder acabar con nuestro autosabotaje puede ser la sensación de dejar de ser nosotros mismos. Aunque los cambios que deseamos hacer en nuestra vida tengan un sentido positivo y coherente con nuestros valores y aspiraciones, los surcos que han ido dejando los pensamientos recurrentes, los hábitos y los vicios a lo largo de nuestra vida, harán que nuestras acciones tiendan a recorrer los mismos caminos que en el pasado.

Incluso nuestro cerebro se puede rebelar contra nosotros, gritándonos que nosotros no somos así, que esa persona en la que queremos convertirnos no somos nosotros. Y esto puede derivar en frustración e insatisfacción. Lo cual puede ser difícil de asumir precisamente cuando se están alcanzando los primeros resultados en aquello que queremos conseguir.

El cerebro detesta, sencillamente, alterar sus costumbres porque en ello se juega la supervivencia.

O como decía Richard Dawkins, también citado en el libro:

Pautas de conducta excelentes hace miles de años, que han dejado de ser útiles y que, no obstante, siguen vigentes.

Sin embargo, el mundo en el que vivimos, sobre todo la superficie artificial de cultura y tecnología que hemos creado nosotros mismos, cambia a una velocidad aún mayor de la que lo hace nuestra propia naturaleza. De ahí la importancia de cambiar o, de como precisaba ayer Pedro Marcos, reinventarse.