Revolucionar la educación

Educación tradicional“El educador mediocre habla.
El buen educador explica.
El educador superior demuestra.
El gran educador inspira.”
– William Arthur Ward

En mi opinión, la educación, en su concepción más amplia, es uno de los pilares sobre los que se sustenta el desarrollo humano, tanto individual como colectivo. Personalmente, es un asunto sobre el que estoy bastante preocupado. En respuesta a esa preocupación, voy haciendo avances, poco a poco, a veces con más lentitud de la que me gustaria, por estar cada vez más implicado en este tema. Quiero comprometerme a aportar una buena parte de mi energía a favorecer la mejora de la educación en nuestro mundo.

A día de hoy, a lo más que llego es a poder ayudar a personas adultas a acelerar sus propios procesos de aprendizaje para superar las creencias y paradigamas que los limitan. Y, en ocasiones contadas, trabajar como formador con grupos de personas, siempre buscando la forma en que pueda orientar la formación para que las personas puedan potenciar y desarrollar sus propios talentos y recursos.

En la actualidad, yo mismo me estoy formando como formador en un curso de Formación Profesional para el Empleo, para poder incorporar los conocimientos y habilidades que me permitan mejorar la empleabilidad de los alumnos.

Sin embargo, la educacion, más allá de la formación profesional de personas adultas, es algo que atañe a todo el conjunto de la sociedad, en todo el mundo. Hoy quiero poner mi granito de arena a la difusión de unas ideas que personalmente respaldo, promulgadas por Sir Ken Robinson. Es probable que hayas podido ver ya alguno de estos vídeos, pero, si no es así, te recomiendo que te reserves un tiempo para ellos. Si a tí también te preocupa el tema de la educación, estoy seguro de que no te arrepentirás.

Si bien, es probable que no sea el primero en el tiempo, el primero de estos vídeos que me encontré fue esta animación de una de sus conferencias.

Tiempo después, pude ver la primera de estas dos charlas en TED. La segunda la vi hace poco en el blog Arquicoach, de mi colega Rocío.

Sinceramente, creo que poco más puedo añadir. Pero si alguien, se anima a comentarlo, me encantará participar en el debate. Por mi parte, seguiré buscando la forma en que estas ideas puedan llegar a materializarse en proyectos concretos, en resultados que sumen a esta revolución de la educación.

Aprender del fracaso o aprender del éxito

Ayer asistí a una conferencia sobre coaching, gestión de talento y productividad organizada por el Centro Europeo de Coaching Ejecutivo y el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales. En ella participaron Roberto Luna y Laura Miguel.

Fue una experiencia positiva e interesante y me permitió conocer otros puntos de vista sobre el coaching, aunque fueran en su mayor parte coincidentes con el mío.

Hoy quería traerme aquí una de las cuestiones que más me hizo pensar. La conferencia versaba sobre muchas premisas que comparto y defiendo. Pero hubo una que me chirrió mentalmente, y eso me hizo cuestionarme si me estaba formando una creencia demasiado rígida al respecto del aprendizaje.

La cuestión que me hizo moverme mentalmente fue que se aprende más del éxito que del error, expresada de forma más directa y enfática por Laura.

El reenfoque del error o fracaso en aprendizaje es muy útil para evitar la inmovilidad y generar opciones y planes de acción en menor tiempo, de ahí que sea una de las herramientas más recurrentes en cualquier proceso de coaching. De esto se deriva la premisa de que el fracaso como tal no existe, sino que es una más de las partes del aprendizaje, y una de las más importantes.

Castigo / Punishment

Sin embargo, ayer Laura cuestionaba esto al plantear que se puede aprender sobre el éxito sin necesidad de experimentar ningún error. Y que esta forma de aprendizaje es más positiva. Su planteamiento estaba centrado en el refuerzo positivo, de forma que el premio se convierte en el motor del aprendizaje, a diferencia de como sucede en la mayoría de los sistemas educativos actuales en los que la principal fuerza motriz es el castigo.

Pero algo no me cuadra. Repasando los fundamentos de mis creencias llego a la Ley del éxito, de las 22 leyes inmutables del marketing, del Ries y Trout. “El éxito suele llevar a la arrogancia y la arrogancia al fracaso.” ¿Es posible un aprendizaje en el que no se cometa ni un solo error, en el que no se experimente en ningún momento la sensación de fracaso, en que uno nunca tuviera que volver a levantarse después de haberse caído?

Yo creo que no. Si bien es cierto que, como planteaba Roberto, la formación permite crear un entorno de confianza y seguridad para que el aprendizaje (y las experiencias de fracaso) se den en una situación que no destruya la autoestima ni genere consecuencias irreparables.

Probablemente, el aprendizaje sea algo más grande que el fracaso y el éxito. Y la falacia de la que tal vez quisiera escapar Laura es la de que el fracaso es sinónimo de aprendizaje, y éste es utilizado como justificación para evitar asumir la responsabilidad sobre el error.

Sea como sea, de lo que se trata es de aprender. Y aunque sólo fuera por esta reflexión que hoy comparto aquí, creo que ayer valió la pena asistir a la conferencia. Desde aquí envío mi agradecimiento a los organizadores y ponentes.